LA “NOTA AZUL”

La música requiere de mí entonces dos posiciones subjetivas: una primera posición por la cual yo espero el retorno del ritmo que sostiene el movimiento de la danza, y una segunda posición de orden extático que me empuja a esperar el llamado de una cierta nota que no está aún allí, pero de la que la tensión, producida por el encuentro entre la armonía y las notas melódicas ya jugadas, me hace suponer que no es en vano esperarla.

Esta capacidad de esperar esta nota me parece corresponder fundamentalmente a lo que se llama la “esperanza”, precisando que no se trata de la esperanza en algo de lo que conocería ya el contenido – La esperanza de la “gran tarde” – sino de la esperanza en algo en que yo sé esperar, aunque ignore absolutamente en qué cosiste.

Si el tocar de un músico es tal que me permite, a veces, escuchar esta “nota azul” (1), aprendo que no esperaba en vano: en esto, esta nota azul difiere de un chiste que, cuando él sobreviene me toma necesariamente de sorpresa, mientras que estaba, cuando sobreviene la nota azul, ya provisto de la esperanza de escucharla.

El reconocimiento que tengo hacia ella si ella viene a resonar se basa en que la alegría que ella me dispensa es literal. Ella me saca del mundo especular en el que estaba y me hace franquear un umbral que, sin ella, yo no habría osado sin duda franquear. – umbral de un mundo del que la novedad extrema se basa en esto que, en él reina el poder de lo inaudito, (inaudible), poder despertarme, enseñándome que todo lo que yo podía escuchar de sensato hasta allí estaba, sin que yo lo sepa, bajo el ascendiente de lo inaudito (inaudible).

La transferencia sobre esta ausente que es la nota azul está de este modo ligada a la espera de un significante desprovisto de todo sentido, alrededor del cual todas las otras notas articuladas representarían el sujeto que yo ignoraba ser.

¿La interpretación psicoanalítica puede hacer escuchar un significante tal? Lacan ha abordado esta cuestión en su último seminario “L’insu que sait de l’une – bévue s’aile à mourre” preguntándose cómo puede ser introducido un significante que “despierte” el sujeto: “un significante nuevo […] que no tendría ninguna especie de sentido […] que nos abriría a lo que yo llamo el real[…]”

Respecto a esto, él opone la ciencia y la poesía: << La ciencia, observa, él, provoca un despertar, pero un despertar difícil y sospechoso.>> Evocando algunas líneas más lejos la poesía, él dice esto: << No hay como la poesía que permita la interpretación […] poesía que es efecto de sentido pero también efecto de agujero.>>

¿Esta referencia a la poesía no es el camino por el cual Lacan llama a la música, en la medida que la poesía encarna esta posibilidad del lenguaje de sustraerse a la prosa para hacer escuchar este carácter intraducible de lo musical del que las palabras son potencialmente portadoras?

Así el sujeto, representado por la cadena melódica alrededor de la nota azul, está él, en un instante extático, arrancado al tiempo histórico para reencontrar este grano de eternidad (2) desde donde él puede percibir que el ritmo temporal recibe su verdadero soplo.

No hay ritmo, en efecto, si no existe una nota – esta nota azul– teniendo el poder absoluto de abolir el ritmo, para hacer escuchar un silencio fundamental, De este silencio sobreabundante de sentido que puede hacer escuchar la nota azul, un melómano ha sabido hablar elegantemente, diciendoque, en el breve silencio que sucede al cese de un concierto de Mozart, es entonces “Mozart” que se escuchaba.

Pero este instante de eternidad que una nota hace surgir n o tiene más que un tiempo. Está limitado por este límite que es impuesto al sujeto por lo que va a introducir en él un tipo de transferencia completamente otro: una transferencia pulsátil causada por la pulsación rítmica.

Alain Didier Weill, en “Los tres tiempos de la Ley”, Homo Sapiens Ediciones, 1997

Notas

1. A. Didier – Weill, intervención el el seminario de Jacques Lacan “L’ insu qui sait de L’une – bèvue s’aile à mourre”, 21 de diciembre de 1976; “De quatre temps subjectivants dans la musique” Ornicar, n 8, invierno 1976 – 1977 ; “Point de vue psychanalytique sur la musique”, Revue de musicothérapie, n 4 1984 ; “Brève remarque psychanalytique sur la musique” Revue de musicothérapie n 6, 1986.

2. Sobre el tema de esta experiencia de inmortalidad, ver el artículo de J. Rousseau Dujardin, “Génération de la musique”, en Dixièmes rencontres psychanalytiques… op cit.