Del Trabajar como una posible invención singular

1. Algunas ideas preliminares

De muchas inquietudes en torno a diversas problemáticas que atraviesan el campo del trabajo, algunas que orientaron este texto podrían resumirse bajo los siguientes interrogantes: ¿Cuál es la especificidad de la lectura que un psicólogo puede aportar al campo del trabajo, sin que rápidamente su intervención quede amalgamada al área de recursos humanos de una organización? ¿Qué puede decirnos el trabajo del lugar y la posición de cada uno?

Ensayando posibles respuestas recordé que amar y trabajar (gozar y producir según la traducción) fueron una de las primeras consignas que el mismo Freud indicó como metas a restablecer en una cura psicoanalítica. Acerca de lo que significa amar tenemos una basta bibliografía psicoanalítica que explora, piensa y escribe sobre el tema. Sin embargo no sucede lo mismo respecto de esta otra dimensión – el trabajar – que, según la perspectiva freudiana, también debía restablecer un tratamiento psicoanalítico.

Recordar esta máxima freudiana permite arribar a algunas conclusiones. En primer lugar que el trabajar es tan fundamental para el ser humano como el amar. En segundo lugar que tanto como el amar, la capacidad de trabajar está sujeta a determinaciones inconscientes y es en ese sentido que el psicoanalista algo tiene para decir. “Algo tiene para decir” significa la necesidad de establecer con claridad un recorte: hablaremos entonces del trabajar como una capacidad que puede verse inhibida o sintomatizada y por lo tanto restablecida.

Trabajar no será en este texto entonces, algo sustituible al término trabajo. Distinción con la cual es preciso ser rigurosos para evitar sobre el tema que nos convoca perspectivas reduccionistas que, desconociendo legalidades y  acontecimientos propios del escenario de trabajo y con esto incluimos perspectivas sociales, económicas, políticas, sindicales, empresariales, etc. haga recaer sobre la capacidad de trabajar de un sujeto cuestiones que bien deberían atribuirse a otros atravesamientos del escenario del trabajo.

Introducida esta diferencia, nos adentraremos en el film “Recursos Humanos”. El escenario de trabajo que nos propone el film se sitúa en Francia 1997, en plena discusión acerca de la Ley sobre las 35 horas de jornada laboral, conocida como la Ley Aubry teniendo como actores al gobierno que la impulsa, al sindicato y a la empresa que ve en ella, no una oportunidad para generar empleo, sino para flexibilizar las condiciones de trabajo. En ese contexto la película despliega su historia, en las afueras de Francia en una industria metalúrgica, donde esa negociación se reproduce entre la comisión sindical interna y los directivos de la empresa.

2. El trabajo entre el orgullo, la humillación y la vergüenza.

La cámara cierra el cuadro sobre el rostro del joven protagonista. Una sensación de profunda intimidad invade al espectador que puede anticipar de esa manera que será convocado como testigo de algo crucial. Allí está el joven a solas con una pregunta. En una de esas soledades donde únicamente pueden hacerse las preguntas verdaderas, Frank, el joven protagonista, el hijo, el pasante en recursos humanos, se pronuncia entonces y dice ¿dónde está tu lugar? Y en el tu conjeturamos que es Frank quien se dirige la pregunta. De ese modo el film llega a su término.

Orgullo

Frank llega a su pueblo desde París donde estudia en la universidad. Tendrá una entrevista para ser pasante en la empresa donde hace más de treinta años trabaja su padre como obrero metalúrgico; allí terminará ocupándose en la oficina de recursos humanos de la implementación de la ley de las 35 horas de trabajo. La familia recibe alegre al joven, excepto su padre que permanece distante, serio y preocupado. Su hija explicará que desde hace un mes, el padre, no hace otra cosa que hablar de la entrevista que tendrá Frank.

Todo parece indicar que la entrevista de trabajo del hijo, conlleva para el padre las marcas de algo que le incumbe singularmente.

Por fin llega el gran día y algunos signos van configurando un universo polarizado entre trajes y overoles; entre el trabajo de oficina y el trabajo en el taller; entre patrones y obreros. Ese es el universo que Frank ha respirado toda su vida y de eso dará testimonio en su entrevista donde, más que presentar sus habilidades para el trabajo, se encargará de resaltar el valor sentimental que sostiene su deseo de incluirse en esa empresa.

Una vez instalado en las oficinas de recursos humanos, Frank se pasea contento por el taller en compañía del director de la empresa ante la mirada orgullosa y satisfecha de su padre.

Humillación

El primer día de trabajo, el padre quiere mostrar a Frank la máquina con la que trabaja. En la puerta de entrada al taller un supervisor niega al padre el permiso de entrada con su hijo; negativa que leeremos caprichosa cuando un segundo más tarde sin que nada haya cambiado autoriza él mismo su ingreso. Su padre acepta la orden del supervisor sin decir mucho al respecto y entra. Luego cuando ve en el taller al hijo se muestra gustoso y, previo a asesorarse que contaba con autorización para estar allí, comienza a mostrar sus objetos de trabajo, la máquina a la que conoce más que nadie, con una efusividad novedosa hasta el momento en el film. Ese orgullo por el trabajo y por su eficacia al trabajar que muestra al hijo, se ve interrumpida por la llegada de otro supervisor que se dirige de modo humillante a su padre, diciéndole “¿Trasnochaste? Disminuiste el ritmo de tu trabajo, tengo que zarandearte más seguido”.

Si bien el hijo permanece ahí, la cámara muestra sólo al supervisor y al padre reanudando rápido y  silencioso su actividad. Por un momento nos olvidamos del hijo cuya ausencia en la escena fortalece su presencia como mirada. El hijo sólo habla para despedirse y se retira.

Ocupado en destacarse en su flamante lugar en la empresa, Frank propone al director una estrategia que le permitirá sortear las dificultades para la instalación de las 35 horas, creído desde su saber académico, que constituye una mejora para los empleados. En el transcurso de su estadía en la oficina encuentra una información que lo confronta con el verdadero destino que la empresa ha dado a su consulta: un modo de flexibilizar que costará el puesto de trabajo de su padre, entre otros doce empleados, además de reemplazar la máquina que con tanta destreza manejaba su padre, por una automática que no requiere operario.

Entre promesas y ofrecimientos de puestos fijos en alguna empresa del grupo, Frank se debate qué hacer con una información que lo perturba en extremo. Tal vez no porque no sepa qué hacer. El dilema podemos situarlo en torno al padre y las consecuencias de contradecir su voluntad.

Agobiado no sólo por la pérdida del trabajo de su padre, sino también por el uso que la empresa hace de su consulta, más allá de sus cálculos iniciales, Frank decide anticipar al padre esa noticia y acordar con la líder sindical una estrategia de lucha. Inconmovible, su padre interrumpe la conversación, advirtiendo que no permitirá conspiraciones en su casa y pese a la perplejidad con que recibe la noticia de su próximo despido, continúa asistiendo a su trabajo, desconociendo la lucha de los obreros que esta vez encabeza su hijo, aquél que debía estar cerca de los patrones.

Los cálculos fallan para el hijo, pero también para el padre que llora por primera vez en su vida, según dirá su esposa, como una mujer.

Vergüenza

La medida de protesta y lucha, lleva a los obreros manifestantes a tomar la fábrica en el intento de detener la producción, puesto que algunos empleados, entre ellos el padre de Frank, desconociendo las medidas acordadas en asamblea por la mayoría continuaban su labor.

El padre insiste con su trabajo desoyendo a sus compañeros. Frank lo interrumpe, se acerca y hace caer con un golpe los objetos de trabajo que su padre se dispone inquebrantable a levantar. El hijo redobla la apuesta y patea aún más lejos esos objetos de trabajo, compeliendo irónicamente al padre a que los junte. Su padre se detiene y se miran. Por primera vez dejan de mirar el lugar de trabajo del otro. Frank hace escuchar la vergüenza: “me avergüenzas, vergüenza de ser hijo de obrero, vergüenza de ser estudiante hijo de obrero. (…) Lo lograste, tu hijo está del lado de la patronal. Nunca seré obrero, tendré un trabajo interesante, responsabilidad y poder. El poder de hablarte como te estoy hablando ahora. El poder de despedirte como lo hacen ahora. Tu vergüenza me la metiste bien adentro.”  


3. La posibilidad de inventar

 Dije al comenzar que hay preguntas que sólo pueden hacerse irremediablemente en soledad: son los interrogantes por las cosas que dan a la vida de cada uno su medida. El film termina con la pregunta del joven que, sentado en una manifestación obrera donde esta vez también se encuentra su padre, por fin accede a la pregunta acerca de dónde está su lugar. La pregunta es impecable y coherente con la trama de la historia. Puesto que interrogarse acerca de cuál era su lugar, tal vez hubiese conservado las cosas en su sitio, sin la conmoción requerida para que un sujeto pueda hallar su propia marca deseante. La pregunta ¿cuál? comandó hasta entonces su historia, porque tiene una respuesta en el universo de su padre: no el overol, sino el traje. No obrero sino patronal. No en el taller sino en la oficina. Lugares que fue ocupando, primero en la oficina cerca del jefe allí donde encontraba la mirada orgullosa de su padre. Luego cerca de los obreros, haciendo propia una lucha que no dejaba de estar dirigida al padre: allí donde él sólo se dejaba humillar, Frank actuó. Y entonces la vergüenza.

Según Giorgio Agamben, la vergüenza no se relaciona con una imperfección o una carencia, sino con un punto de desubjetivación donde el sujeto se convierte en testigo del propio perderse como sujeto. La pregunta por el lugar de cada quien, bien puede constituir un punto de llegada para poder inventarse un trabajar que conserve las marcas de un deseo que no puede sino ser singular. También en lo que al trabajar respecta y parafraseando a Saer, se trata de hacer con las astillas que cada uno recibe, la lengua a su manera con las reglas de su pasión.

 

Valeria González

Junio 2009

 Bibliografía consultada

  • Agamben, G. Lo que queda de Auschwitz. El archivo y el testigo. Homo Saccer  III. Capítulo “La vergüenza, o del sujeto” Editorial Pre- Textos.
  • Weill, A. Los tres tiempos de la ley. Ediciones Homo Sapiens.
  • Freud, S. Inhibición, síntoma y angustia. Obras completas. Tomo III Traducción Lopez Ballesteros, Editorial Biblioteca Nueva.
  • Freud, S. Análisis de un caso de neurosis obsesiva. El caso del “Hombre de las Ratas”. Obras completas. Tomo II. Traducción Lopez Ballesteros, Editorial Biblioteca Nueva.
  • Freud, S.  Sobre los tipos de contracción de neurosis. Obras completas. Tomo II. Traducción Lopez Ballesteros, Editorial Biblioteca Nueva.
  • Freud, S. Un recuerdo infantil de Leonardo Da Vinci. Obras completas. Tomo II. Traducción Lopez Ballesteros, Editorial Biblioteca Nueva.
  • Freud, S. El método psicoanalítico de Freud. Obras completas. Tomo I. Traducción Lopez Ballesteros, Editorial Biblioteca Nueva.
  • Saer, J.J. El arte de narrar. Citado en Revista de Filosofía, Cultura y Política “El río sin orillas”