El mal a la Letra

Cuando fue el momento de fundar una disciplina como el psicoanálisis, Freud se atuvo a la letra de aquello que le comunicaban. Con más razón cuanto que la cancelación del síntoma no se hacía esperar cuando era escuchado a la letra. La escucha literal hizo al psicoanálisis y no dejó de hacerlo aun cuando se tratara de discernir la pulsión y las frases en las que se despliegan sus circuitos.

No dejo de pensar que formados en dicha escuela, la literalidad se nos impone como escucha. Pero esa escucha no se produce en forma tan simple ni segura como cuando uno habla y otro escucha y contesta. Muchas veces lo que se escuchó queda oculto en un síntoma o en un sentimiento contratransferencial y no se produce cancelación del síntoma porque no retorna sobre el sujeto en forma de interpretación o intervención analítica.

Otras veces el sentimiento contratransferencial es relevado por el deseo del analista y vá más allá de lo que Lacan llamara, en el seminario de la transferencia, acunar al sujeto o tirarlo por la ventana. Es decir, cuando el analista puede prescindir de la partícula contra y jugar su síntoma en transferencia para que pueda ser dicho, reconocido y escuchado. Allí es entonces posible un trabajo analítico que escuche esta vez de otra manera la producción del analizante.

El mal hecho a la letra es el estancamiento de lo dicho en análisis en el síntoma del analista que resiste devenir analizante del mismo y se aferra a las contratransferencias vestidas del ropaje cultural de cada uno, esto es a declarar al sujeto inanalizable, odiarlo o creerlo indefenso y adoptarlo.

En cambio Escuchar el mal a la letra es la interpretación literal del malestar del analizante que no ocurre sin una elaboración del duelo por parte del analista. Arrojar por la ventana o acunar son eclipsados por Analizar.

¿Como pensar, si no, que cuando acunaba incómodo en mi imaginación a un joven analizante no escuchaba decididamente que su padre biológico lo concibió estando muy enfermo y sabiendo que moriría antes que nazca su hijo?

Escuchar literalmente la muerte de ese padre que quería prolongarse en el hijo desalojó al analista de pensarse como el padre adoptivo pero también desalojó la piedra de angustia que se instalaba en el muchacho cada vez que veía una mujer posible para él, una mujer con la que pudiera tener hijos.


La interpretación de los sueños  

Pensar a posteriori lo que ocurrió en la sesión es en general posible porque la incomodidad llama, porque la sesión no fue un sueño logrado. Es posible porque la incomodidad o la angustia se presentan una y otra vez con el rostro del error.

Si fuera posible vivir sin angustia sería el triunfo de lo perfecto, viviríamos sin la sensación de errar y sin errar, sin la posibilidad de errar, no pensaríamos, solo tendríamos un largo sueño.

 La repetición de Un sueño infantil del analista queda interrumpida por la aparición subrepticia de un analizante en el mismo. Los dos en la casa donde el padre del analista vivió. No llega a ser angustia lo que lo interrumpe, si sorpresa, si un precursor de la angustia. ¿Que escuchar allí? Un punto en común entre ambos padres (el del analista y el del analizante) que señala el lugar de la castración y abre un abismo entre el pesar de uno y del otro.  Punto que retorna de lo reprimido y produce una pérdida del goce armónico de la identificación imaginaria.

En un relámpago anticipatorio, Freud pone, como representante del sueño y de lo que va a explorar en su célebre capítulo VII de la interpretación de los sueños, al sueño de Padre, no ves que estoy ardiendo…

Extraña cuestión en principio puesto que las características del sueño (logrado) que va a describir se contradicen con el sueño presentado por lo menos en el momento del despertar. Sin embargo dicho sueño hace honor al sueño, a los sueños que escuchamos cotidianamente en los análisis: sueños rotos por la angustia. Escuchamos aquello que la elaboración onírica no consiguió disfrazar del todo. Escuchamos aquello que guarda una relación estructural con el mal y que Freud anticipara en 1900 mucho antes de teorizar los sueños de angustia en relación con la pulsión de muerte.

Si Freud demostró, según Lacan, que se puede estar bien en el mal, también demostró que se puede estar mal en el mal. La angustia es su testimonio.

En forma oficial la angustia llega a estar más cerca del mal mucho después de la interpretación de los sueños, recién con la pulsión de muerte pero ya en 1900 dejaba su marca.

En nuestra clínica dicho testimonio se refiere a la pulsión de muerte desanudada y también al sujeto harto impotente para expresar una meta deseante o, como diría Freud, un deseo en optativo. Impotente para expresar puesto que la pulsión de muerte desanudada se ubica en el polo llamado yo no pienso por Lacan.

Con este pequeño esquema anticipamos una conclusión: el mal no reconoce futuro, y tiene toda la cerrazón de lo que es el en sí de no pensar.

¡Que satisfacción trasunta un analizante cuando pasa del aislamiento en el mal que lo agobia a un diálogo bien situado con su analista!

Entiendo que esta secuencia que va del encierro autoerótico en la pulsión a la puesta en acto de la transferencia es un paso irrenunciable del psicoanálisis. Esto es cuando las pulsiones mudas implicadas en el sueño antes citado (mirada-voz) se ponen a hablar y a coordinar su disonancia en la armonía que los dos cuerpos comprometidos en la sesión aportan.

La secuencia analítica

Renunciar a esta secuencia, sea porque se trabaja a ciegas, o, porque se la rechaza afecta necesariamente la tarea analítica de recuperar en la escala invertida del deseo un goce pulsional disyunto del otro, del semejante y del prójimo. Ese goce solo puede captarse en la palabra que permite conjeturarlo.

Un goce que, a veces, dice: sé que con eso hago mucho daño. Debo historiar dicha frase para repetir nuevamente juntos el recorrido mencionado más arriba.

¿Quién pronuncia dicha frase? ¿Que lugar ocupa en su análisis? ¿En que momento de la transferencia se produce? ¿Qué accidente del desarrollo atraviesa el que la emite?

Comienzo por responder la última que es la que da cuenta de la reanudación de su análisis: Se trata de un hombre joven que va a ser padre por segunda vez y que vacila aún entre la alianza con su familia de origen y otra con la que es su mujer y que porta a su futuro hijo. La frase citada más arriba (sé que con eso hago…) fue pronunciada en ocasión de caer en la cuenta de esa vacilación de su alianza.

Una digresión aquí: a la salida del mal que representó la descomunal destrucción que dejó la segunda guerra mundial, Lacan produjo un texto con el que salió nuevamente a la luz pública su pensamiento; se trata de El tiempo lógico y el aserto de certidumbre anticipada, un nuevo sofisma…Allí presenta un juego que debe resolverse en una certeza basada en argumentos lógicos, en razonamientos y no en simples intuiciones. También se trata de salir del mal que se figura en el encierro de 3 sujetos en la cárcel. Si uno de esos sujetos contesta bien saldrá en libertad, si no continuará preso. Lo curioso es que la solución posible que encuentra Lacan, entiendo que en otro relámpago anticipatorio, es: no es posible llegar a la verdad individualmente, a la verdad se llega con otros y del lado del pensar. Solo puede salir de la duda el sujeto viendo en la vacilación de su prójimo el elemento probatorio que completa el pensamiento con el que accederá a la certidumbre necesaria para resolver el enigma. Enigma que terminará siendo una verdad singular y común. Digo común en el sentido más llano, más banal pero al mismo tiempo más determinante, más comunitario.

Volvamos al sujeto solo en su vacilación recordando y diciendo aquello que más le cuesta incluír en su vida: la pérdida de ese goce que lo une a su familia de origen. Un goce, placentero, en el que él solo salva a su madre de la pobreza y la desvergüenza. Esto último con el simple recurso a una habilidad que aprende del marido que la madre hubiera querido tener pero no…  Sin más trámite, cada millón ganado es un paso a ser ese Otro. No obstante tiene su talón de Aquiles ya que, como el, nunca alcanza a la tortuga más que en su imaginación: 32,00134560999….

Esta aproximación asintótica a la cifra impensable que representa la tortuga de la salvación lo hace soñar. Soñar un sueño que durante mucho tiempo la angustia no interrumpe, que el placer custodia y que la madre agradece.  Un sueño que tampoco interrumpe el síntoma de su primera hija.

Hasta que aparece una frase: -¿pero que dirá mi hijo, el que va a nacer?– Dicha frase es la agencia de la angustia que se hace cargo finalmente de interrumpir el sueño. Frase que se expande en: -¿que diré yo como hijo que siempre tuve que hacer proezas para lograr algo imposible y el asentimiento de mi madre? Y también: -¿que diré como padre del hijo por venir para justificar la proeza que le dedico a mi madre y no a mi esposa?

Especialmente anoto que lo que era en si encuentra en la transferencia una expresión que hace del devenir temporal su cruz y su bendición. En el juego de Lacan todo juega hasta la conclusión. Anticipación y retroacción, figuras que el significante respeta, caen y rinden su homenaje al entrelazamiento de la verdad en la relación con otros. Así la escala invertida del deseo nos dice que con la verdad se sale por arriba. También que el juego entraña una privación. Los jugadores están privados…de libertad o encerrados y hacen de esa privación el motor de su interacción con los demás no sin desear salir; no sin desear, sin que se plantee la causa de su deseo en optativo, en relación a un futuro. Si la esperanza es lo último que se pierde, los presos deberán perder la espera pasiva de que termine la condena y concluir con una toma de posición para realizar su esperanza de libertad.

Guillermo Vilela

Noviembre 2012

 

Bibliografía consultada

Freud S.  –La interpretación de los sueños

-Más allá del principio del placer

-Inhibición, síntoma y angustia

Lacan J.  –Escritos: El tiempo lógico y el aserto de certidumbre anticipada. Un nuevo

sofisma

-Seminario 8, La transferencia

-Seminario 18, De un discurso que no fuera del semblante

-Seminario 20, Aún


Comentarios: Marcela Troncellito

Algunos textos al parecer, se escriben  en la intimidad del consultorio,  en la tenue soledad que nos habita una vez que el paciente se fue. Este también lo parece, sin embargo al leerlo, al escucharlo,  se pueden reencontrar  algunos de los temas que circularon este año en Nota, en las reuniones y en esta nueva modalidad de los diálogos abiertos.

Sin ser una intencionalidad del trabajo, -más al estilo de una nota al pié-algunos de los temas de debate del año andan por ahí. Hace unos meses nomas, Sergio generosamente abría la primera de estas reuniones hablando sobre el porvenir de la diferencia, generando un intenso debate en torno de la paternidad.  Por alguna deriva en la discusión llegamos a la interrogación clínica  sobre  goce y recuperación de goce, invitando para un nuevo dialogo, en esa ocasión a Adriana Misorici; fue entonces  que Flor recortó de esa reunión el tema de la letra y la escritura y nos envió un mail para incluirnos en su inquietud dando lugar a un tercer encuentro, donde se refirió a la particularidad de la escritura  en el autismo y comentó su experiencia en los talleres con Araceli. Así llegamos a fin de año pero no sin recordar también algún fecundo cruce de mails en relación al tema de la espera y la esperanza; seguramente  junto a lo que ya mencione habrá otras notas resonando y pincelando las referencias teóricas y  las viñetas clínicas.

 

 

En  la primera y la segunda  viñeta, el analista aparece interpelado: ¿Cómo pensar el acunar de un paciente cuyo padre sabía que moriría antes de que  nazca  el hijo?, ¿que escuchar en la aparición subrepticia de un analizante en la repetición de un sueño infantil del analista?. Cómo pensar, qué escuchar en esos análisis, pero a la vez  cómo pensar, cómo escuchar lo que cala la posición del analista. Buscando cómo responder,  viñetas  clínicas y  trazos de teoría van tejiendo el borde de otra pregunta.

¿Cuándo es posible un trabajo analítico? No está dicho así en el texto, pero intencionalmente lo recupero y  lo enuncio en forma de pregunta;  ¿porque la encuentro implícita? sí, pero no solo por eso. Es la que  implícita en el analista,- no me refiero a Guillermo en particular- hace de brújula y orienta para navegar errante, la que permanece implícita en el analista que en pos de la escucha hace el duelo, el que duela la perfección para escuchar el mal a la letra. El analista que al interrogar  es  interrogado  con sus propios síntomas y  producciones inconscientes. ¿Cuándo es posible?,  pregunta que vale en lo que testimonia, que habla por la marca que el duelo ya dejó.

Lo posible, escribe Guillermo, tiene el rostro del error,  errar es la posibilidad. En las antípodas un imposible: el sueño logrado, vivir sin angustia acunado y adormecido.

Cuando el analista acuna o quiere arrojar  a su paciente por la ventana  el deseo del analista también duerme, analista y analizante duermen juntos el largo sueño. “Mientras lo acunaba….  no escuchaba”.  Los sentimientos contra transferenciales: acunar, tirar  por la ventana,  son las vestiduras del rechazo a escuchar el mal, su ropaje de rechazo al despertar angustioso del  sueño, y mal pueden entonces operar como semblante en el analista. ¿cuándo es posible un trabajo analítico?

Estas  dos primeras viñetas, hablan del posible despertar, al  compás de la letra freudiana sobre los sueños, se  entrecruzan en el texto en un mismo modo del despertar: el que tiene el rostro del error, y  que al parecer  por lo ocurrido en esos análisis no sería  igual que el  equivocarse. En el  error que es brújula y errancia  a la vez,  presenta esta otra cara, la de la posibilidad, y el analista  no yerra.

Siguiendo la letra de Lacan “se equivocan los no incautos, hace falta ser incauto de cualquier cosa, de algo”. El psicoanalista en su práctica debe igualarse a la estructura que lo determina, y ajustarse a una dimensión que implica ser cada vez mas incauto del saber inconsciente, lo bastante como para no errar.

Porqué no decir que quien no está enamorado de lo inconsciente, de su inconsciente yerra. Así como le ocurrió a Freud, que al intentar que el discurso analítico se adecuara al discurso científico, quedó incauto de lo que ese discurso no podía aguantar y fundó el psicoanálisis, así incautos del inconsciente  escuchamos  el mal a la letra. Si como lo revela el sueño de la garganta de Irma, frente a lo real hay horror, es en virtud de la ética de los incautos y porque hay analista que podemos descubrir el amor al saber inconsciente y no su rechazo. En la transferencia algo puede ser transformado, la transferencia abre esa posibilidad.

Con esta  referencia al seminario de Los no incautos, yerran- en la que no me hubiera aventurado a no ser porque  la letra del trabajo  insistió e insistió en llevarme- , trazo un puente hacia la última viñeta clínica.

Se trata allí de una transformación que está situada en dos frases, en dos tiempos que construyen  una secuencia. Siguiendo a Guillermo es la secuencia que va del encierro autoerótico  en la pulsión, a la puesta en acto en la transferencia; de la cerrazón de lo que es  en sí al dialogo bien situado;  de la mudez del goce pulsional a la palabra que permite conjeturarlo.

Primera frase citada: “sé que con eso hago mucho daño”,  dicha en sesión pero  en soledad ¿Por qué? Porque es la frase que lo une a su familia de origen como único salvador de la madre de la pobreza y la vergüenza. Es la frase que lo tiene soñando hace largo tiempo, custodiado de la angustia al amparo de una cifra que crece en millones y que al tiempo que crece lo duerme  en una aproximación y deslizamiento infinito.

La secuencia se completa con la segunda frase: “¿pero qué dirá mi hijo, el que va a nacer?”. El analista la señala como agencia de la angustia, la escucha y la hace retornar sobre el sujeto en una intervención: “¿Qué diré  yo como hijo que siempre tuve que hacer proezas para lograr algo imposible y el asentimiento de mi madre?, ¿Qué diré yo como padre del hijo por venir para justificar la proeza que le dedico a mi madre y no a mi esposa?”. Frase en transferencia y surgimiento de la verdad en relación con otros, salida del encierro.

El analista recorta dos frases, y construye una secuencia  al ponerlas  en relación. Construye una secuencia, y un devenir temporal, no hay secuencia antes de la intervención, no hay secuencia sin la escucha. Ensayo con esta última reflexión una  razón posible por la que nombrar como  analítica a la secuencia  misma y  en pos de la cual quedan en tensión  la operación de pérdida de goce y su recuperación en la escala invertida del deseo. Dicho de otro modo, ¿Cuál pérdida opera en no perder la esperanza?

 Marcela Troncellito

Diciembre 2012